Tres de tres. To die, to sleep, may be to dream…
Prefiero la ficción. Llámenme escapista de mierda, miedosita, pequeña niña asustada, gallinita correlona, llámenme como quieran, pero prefiero la ficción; estar aquí lo menos posible, en esta jaula de mierda y dinero, en esta olla llamada realidad, donde se cocinan a fuego lento los sueños. Hasta hace unos años uno de mis máximos logros había sido soñar con comida. Ahora sueño comerciales, informerciales completos, películas y sus continuaciones etc. Etc. Pero haber logrado comer, eso fue algo importante. Mi madre bendita cocina de lo más sabroso, devota de este lado cual debe de ser, la admiro por su entrega total a la vida. Ahora ella ronca mientras yo me desvelo con mi verborrea, que no es otra cosa que diarrea verbal, desfogue de virulencia vía lengua bífida. Ficción, palabra lujosa que usa la dama fantasía para pasar por el género masculino sin levantar sospechas, para parecer más interesante de lo que ya es de por sí. Soñar es la razón de la vida, y el sexo es la razón de los sueños. La creación entera fue concebida únicamente es por una razón, para anidar a los sueños, es el huevo donde madura la fantasía, donde sueña mientras aguarda su turno, y el cascarón sólido es la mente, que la contiene, que la protege, que la aísla. Los sueños no son la verdad de la vida, son la verdadera vida. La vida que creemos que es la verdadera no lo es, ésta es válida sólo como el trámite necesario para alcanzarlos, sólo en esa medida, pues aquí se incuban antes de nacer. La mayoría de los sueños nacen mientras no estamos presentes, nacen solo cuando ya nos hemos agotado del mundo que nos prestan para que juguemos. Y nos lo prestan solo a condición de que se los devolvamos, pues el mundo es de ellos y de nadie más. Ellos son el verdadero hijo del mundo, de la tierra y del cielo, del hombre y la mujer. La realidad es de ellos como el planeta no es nuestro, si no de las generaciones futuras, y de sus sueños. Cuantos de nosotros no han muerto ignorando todo esto, han vivido, han soñado y han fornicado ignorando todo esto, que no es otra cosa que pura verborrea que se escurre pegajosa desde mi paladar. Reencarnamos para tener sexo, cuando ya no lo podemos tener, comenzamos a morir, esa es la razón de que los niños no lo puedan alcanzar, la naturaleza sabe cuando un cuerpo ha madurado lo suficiente como para exigirle cuentas. Prefiero soñar y decir cualquier cosa antes de perderme en los recovecos sin sentido de este mundo burdo que al no tener dueño no tiene guardián, pero tampoco tiene cariño. Prefiero atragantarme con mis palabras a quedarme callado con la boca llena de gusanos tres metros bajo tierra. Tengo dos novias, de una dispongo cuando quiero, siempre está ahí, dispuesta a todo por mí. La otra está en su casa haciendo cualquier cosa sin mi, cualquier cosa. Me he muerto mil veces en esta vida y heme aquí escribiendo cualquier cosa, cualquier cosa. Mi único problema es el dominio, el control sobre mi cabeza, el clásico dilema de: quién lleva a quién, pero aún así, prefiero eso a la realidad ilusoria, en la que estoy seguro de que nadie se lleva a si mismo, por mucho que así lo crean. A los tipos como yo nos tildan de retraídos, yo lo aplaudo, para qué demonios, yo, después de todo lo que conozco de las personas, había de querer convivir con ellas. Aquellos que se identifican conmigo sufren calladamente la tiranía de lo reprobable, de lo absurdo, de lo denigrante. Sabemos muy bien que no vale la pena cambiar el mundo, por eso nos refugiamos en el nuestro, multiplicando ilusamente aquel en el que nos hallamos atrapados, pero eso no importa con tal de gozar de unos minutos callados. Somos hedonistas privados que no molestan a nadie, ni al aire, salvo que nos pongan el micrófono de las letras a nuestra disposición. Freud lo tuvo un tiempo en sus manos y el eco de su voz profunda, esa que no comienza en la garganta, nos llega hasta nuestros días de correo electrónico. Él como muchos otros han tratado de entender a los de nuestra especie, nadie lo logrará nunca a tal grado que no valga la pena seguirlo intentando, pues aunque los días del imperio de la mente estén contados, siempre tiene las puertas abiertas para salvarse, para huir a cualquier otro lado. Que si soñamos despiertos, que si deseamos lo que no tenemos, la naturaleza humana nos calca a la perfección. Somos el anillo del dedo del género humano. Poseemos la suficiente inteligencia para seguir vivos sin poner en riesgo la cordura, pero arriesgamos todo cuando se trata de llegar al límite, justo a donde nadie se quiere ir a parar. Miramos mas lejos que los miopes que se tropiezan con las monedas tiradas como mierdas de perro en el camino. Que nos pregunten como luce nuestra cabeza, este de aquí es un camaleón, este otro una iguana, pero todos, todos los demás son unos simples gusanos. Formamos parte de una generación pensante, actuante, aunque nuestras acciones se dan en otro escenario, uno más sutil, desde luego más privado, pero más honesto. Si, tenemos que hacer frente a esto, no queda alternativa, pues no ignoramos que la imaginación es, de todas las cosas de esta fábrica absurda, el producto más caro. Alucinar cuesta, pero alucinando, todo el dinero que se haya gastado, se recupera. La novia que no me deja nunca, justo ahora me masajea la espalda con sus manos, mientras su aliento sigue a cada dedo que muevo sobre el teclado. La otra, la que yo si he podido tocar en esta realidad, como toco ahora las letras sobre el teclado, se encuentra en su casa, a kilómetros de distancia, haciendo o no haciendo cualquier cosa, repito, cualquier cosa. De primera instancia parece sencillo lograrlo, pero cuesta trabajo. El músculo se ha desarrollado como un cayo. Nada fue gratuito nunca. Tener a mi novia junto a mi no es cosa de niños. Hay una diferencia radical entre soñar despierto e imaginar que soy calvo; como hay una diferencia extrema entre ganarse la lotería y ahorrar toda la vida. Quienes me entienden nunca se han ganado la lotería, no lo necesitan, han hecho cayo. Quienes me entienden no tienen peluca, ni sueñan con la paz mundial, pues no pueden poner pelos falsos sobre su rugosa piel verde, llena de escamas; y saben mejor que yo, que la guerra es una fórmula probada para entretener a dios, que nos mira desde su sillón de vez en cuando desde su tina. Con la guerra nuestro dios obtiene el líquido rojo con el que riega la negra tierra de sus macetas, donde crece la flor carnívora del karma, donde cada pétalo es un destino. A quienes son como yo nos cuelgan de nuestras cabezas sendos pianos. Somos fáciles de identificar pues flotan sobre nuestras cabezas unos globos inmensos con forma de signos de interrogación, bamboleándose como las nubes mientras caminamos. En este momento mi novia que me acompaña me corrige, no flotan como nubes, flotan porque son nubes. Me está besando en la oreja, me está excitando, tal y como es su gusto, tal y como es mi gusto. Estoy tan relajado como una barra de acero. Si tu me vieras ahora dirías que estoy loco, pues no tengo más que una novia quien a estas horas puede estar haciendo cualquier cosa, como culminando alguna función biológica. No hay necesidad de que me corrijan, no tienen que molestarse en seguirme, puedo seguir solo. Fue difícil al principio dar con el camino, pero una vez hallado es cuestión de acostumbrarse a la oscuridad total para seguirlo sin desviarse. El camino está aquí en lo profundo del bosque de gelatinoso cerebro, latiendo como una vena inflada de alcohol, y no se puede ver nada más que oscuridad en esta ruta recta. Las voces que nos acompañan, a todos aquellos que comparten mi visión fantástica, siempre cantan suavemente para no distraernos. Si no me comprendes, si no me has comprendido hasta ahora, no puedes seguirme, lo siento mucho por ti, en lo hondo de mi corazón triste, ahora te perderás en tus justificaciones racionales y tontas, en ese abismo que te sacará de nuevo a donde estás, justo ahí, donde has estado siempre, cálido o cálida, tan segura de estar viviendo y de tener toda la razón. Ésta es una labor para corazones que han sido aplastados, pues solo una bolsa vacía puede contener cosas, mientras que a una llena ya no le cabe mucho antes de reventar. Si traes algo contigo déjalo a un lado, excepto tus manos, esas, como tus labios, pueden venir al bit, al pic nic de los renegados. Es lo mejor, pasearse por aquí, donde nadie te molesta mientras piensas, o mientras crees que piensas, o mientras piensas que crees que piensas. Mi novia me dice que me quiere mientras que esta novia de mi interior, estoy seguro que me quiere, y nunca me lo ha dicho ni me lo dirá, pues sabe que lo sé. Aquí uno se construye las cosas, tanto buenas como malas, aquí uno no se siente tan solo, pues no lo está. Tengo tanto tiempo de caminar por este lado que sé que al morir de verdad no voy a dejar de seguir caminando, y mi novia va estar ahí conmigo, a mi lado, como siempre lo ha estado aunque en estos momentos se encuentre a kilómetros de distancia en su casa, haciendo cualquier cosa sin mi, cualquier cosa. Por eso, si puedes alcanzarme, alcánzame, que te voy a abrazar seas quien seas, tan solo por venir caminando a mi lado, por esta oscura ruta del cielo estrellado. El cielo estrellado… está así pues lo has dejado caer, tan bajo; anda, ven conmigo a recoger los pedazos, llévate uno a tu casa, para que lo conserves en un frasco con agua y miel, para que puedas verlo crecer como a una estrella durante miles de millones de años. Mira como extiendo flores ante ti, preciosa, tantas como leche en un gigantesco plato de cereal cósmico. Las personas como yo no tienen problemas financieros, simplemente no tenemos finanzas, las hemos sustituido por algo mejor y más real. Nunca hemos sido conformistas, no hay gente más exigente que nosotros, pero donde termina nuestra posibilidad, en este cerco llamado realidad, nosotros la extendemos, mucho, pero mucho más allá, y para romper esa frontera aparente, nunca, ninguno de nosotros ha tenido que pagar ninguna inútil y morbosa cuota aduanal. Mi novia, aquí conmigo, se ha dormido ahora, soñando en un interminable beso mío, lo que no sabe es que yo eso ya lo soñé antes, durante un interminable beso suyo. La abrazo, le beso la espalda, le gusta, mientras tanto, mi novia real estará en su casa o en alguna otra parte en estos momentos, haciendo cualquier cosa, cualquier cosa, incluso soñando. La gente como yo nunca se confunde, nunca, tanto así que nos atrevemos a incluir una excepción, sólo nos confundimos cuando no pensamos, cuando sentimos y no compaginamos, lo vivido con lo soñado, y eso sólo ocurre cuando no hemos imaginado durante largo rato. Yo jamás equivocaría mis palabras, y cuando eso me ha llegado a pasar alguna vez, el error me costó caro. Se puede hablar con las plantas, se puede abrazar a un árbol. Aquí adentro uno acompaña a las ramas y a las hojas en su canto, aquí adentro sus raíces nos abrazan y nos acarician. Aquí adentro puedo decirle a mi novia que se muera pues la odio, pero después de algunas horas, ella y yo volvemos a amarnos, trenzados sobre el tapete de hierba de mi templado jardín interior, desnudos como nunca podremos estarlo en esta vida, con nuestros cuerpos y nuestros espíritus en ellos. Mi novia me acompaña siempre y eso me da un ánimo y un gusto infinitos que casi nadie entiende pues casi nadie lo ha tenido. Ojalá pudieras entenderme tu también. La maquinaria humana se alimenta de sexo y del otro lado de la banda transportadora salen los sueños, empaquetados y calientitos. Prefiero la ficción y la ensoñación. A nadie le gusta admitir que Freud nos observó bien, nos conocía cuando decía que soñamos despiertos. Si yo sueño despierto no es para tener dinero, es para tener todo el sexo, pues después de todo que es el dinero sin el sexo. Maldíganme por considerarme de corta visión, tachenme de podrido esquizoide enfermo de pasión carnal, escupan sobre mi miserable visión de las cosas, no me importa, por que en el fondo su super-yo opina mas o menos lo mismo. Si voy a soñar despierto voy a soñar que no soy yo, mejor sueño con mi super-yo, con mi ego superlativo, con ese niño que nunca fue reprimido, y si no mejor no sueño despierto, mejor, en todo caso, sueño dormido. Mi super ego sabe lo que quiere, no se deja engañar, es libre mientras fantaseo, en pequeños, breves y suculentos instantes de libertad total, de libertad cautiva. El paraíso es que todo mundo libere a su super-ego, libre de todo mundo. El sexo nos mueve a actuar, como la comida nos mueve a trabajar. Debajo de nuestras ropas todos llevamos mas o menos de lo mismo. Mientras no bajen del cielo los extraterrestes o los ángeles, aquí las cosas permanecerán igual. La naturaleza nos lo recuerda siempre, a cada instante, en cualquiera de sus bestias, el anuncio está pegado por doquier. El sueño perfecto es la perfecta desnudez del cuerpo de una mujer. La perfección usada como brassier italiano, como un adorno justo, innecesario, sin duda usado. Al estar haciendo esto corro tal vez muchos riesgos, pues a casi nadie agrada observar como la incomoda verdad se ajusta a sus patrones de conducta. Quien la comienza a desenterrar descubre antes que otra cosa la fetidez. La verdad es que mi novia no necesita de regalos ni de palabras, pero sin ellas no se mueve. En efecto, ésta me dice que a ella sí debo de decírselas. Esa es la maquinaria y ese el combustible. Sin flores no hay detalles, sin detalles no hay sexo. Un hombre, o una mujer, viven de sembrarlas. Otros más viven del fertilizante, otros las cortan y las atan, unos más las compran con dinero y las observan, las sostienen, e incluso las huelen. la ropa. Todo lo recibe el cuerpo. Las flores son importantes aunque sobran, pues el cuerpo de una mujer, ya de por sí es perfecto, y la naturaleza lo sabe, es su máximo diseño, es su mejor y más caro sueño. Las ruedas de los autos giran y de sus incontables vueltas depende la producción de orgasmos, de hormonas y de basura. Y esto no es nada más que una verborrea pseudo-poética, por completo intrascendente, y seguramente inútil, pero, por todos los demonios y ángeles, que bien se siente poder sacarla.
El mundo real es fascinante, no lo puedo negar. Es la fuente y la madre de todo lo bello, pero creemos que nos pertenece, ese el problema. Aquí encontré el rosa por primera vez, y aquí escuché por primera vez un violín. Sin embargo el rosa de las zapatillas de plástico termina por perderse en el basurero junto al negro y junto al gris. Y el violín costó un árbol.
El mundo real es fascinante, no lo puedo negar. Es la fuente y la madre de todo lo bello, pero creemos que nos pertenece, ese el problema. Aquí encontré el rosa por primera vez, y aquí escuché por primera vez un violín. Sin embargo el rosa de las zapatillas de plástico termina por perderse en el basurero junto al negro y junto al gris. Y el violín costó un árbol.


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